¿Hay algo más argentino que el dulce de leche? Sí, el alfajor


Hay dos cosas que me encantan de Argentina. Los argentinos y el dulce de leche. Desde que viajé hace ya 10 años a las tierras australes, me enamoré de dos cosas empalagosas: su acento y la “nocilla argentina”. Porque lo que más recuerdo de este viaje, además de los pibes –vale, tenía 18 años, que le voy a hacer– es encontrar en cualquier rincón algo con dulce de leche. Tarros de dulce de leche, crêpes con medio tarro de dulce de leche, magdalenas de dulce de leche, porras rellenas de dulce de leche. Si ya estáis empachados solo con leer estas líneas, imaginaos una chica golosa de 18 años con las tripas revueltas tras comer tanto matahambre, carne de vacío, bífe, frutillas y yogures tamaños XXL, además de tostadas de dulce de leche. Durante tres días, no podía con mi alma, todo me daba arcadas y el pensar en comer era una pesadilla. Para los que me conocen os dirán que estaba muy, muy, muy, muy, muy, muy mal. Tan solo podía alimentarme de galletas y de agua. Pero no galletas maría, galletas saladas. Porque en Argentina, no existen las galletas maría y si pides “galletas”, te dan unas Ritz de aperitivo. Y si existen, pues nos las encontré. A pesar de este momento indigestión turística, descubrí la mejor versión de usar el dulce de leche, que es sin duda el alfajor. ¿El qué? La versión argentina de las Oreo o de las galletas Principe. Estos son de la marca Havanna.

Los más puristas dirán que tendría que haber probado los artesanales que se hacen en las confiterías. Yo también. Pero os acordáis que estaba más que indispuesta. La sola vista de una media luna me incomodaba y su delicioso olor me daba náuseas –¡¡menudo colmo!!–. Así que mi primer alfajor fue uno de Havanna, de los que se hacen en Mar del Plata, y al final final, requete final del viaje. A todo esto, ¿qué es un alfajor? Básicamente, dos mantecados rellenos de dulce de leche, que luego se puede cubrir de cualquier cosa, según la receta o las ganas: coco rallado, chocolate, merengue, lo que sea. Los de Havanna suelen ser con cobertura de chocolate y de merengue. El segundo es mi favorito, porque el de chocolate tiene… un sabor. No raro, pero un sabor de fondo que no me gusta. Es que soy difícil, no, lo siguiente con el chocolate y solo me gusta el del bueno.

Caja de alfajores Havarra

Alfajores Havanna de chocolate y merengue

Alfajor de merengue de Havanna

Alfajor de chocolate de Havanna

 

Más que hablar de ellos, para hacerse una idea de lo que es un alfajor, lo mejor es probarlo. En Pamplona, los he visto en la tienda El Rincón de Gretel. Y también, he encontrado unos más artesanales en la tienda Bocados. Mercado de dulces y salados que se encuentra en la zona de Hospitales. En esta tienda delicatessen también tienen cronuts –los que me siguen en Facebook o Instagram ya lo saben– y macarons de colorines.

Alfajor y cronut de Bocados Dulces y Salados - Pamplona

Entonces en Semana Santa, me animé a hacer alfajores. Tenía una receta por ahí perdida en el ordenador y me decidí a hacerla aprovechando el fondo de dulce de leche argentino de la Salamandra que trajeron mis padres. La receta que probé la verdad que no me convencía mucho, así que miré un poco más en internet y descubrí miles y miles de variaciones sobre el alfajor: con ganache de chocolate, con ron, con fruta… Todo un universo por explorar. Pero como la receta base era más o menos la misma, me puse manos a la obra, o manos a la masa.

Alfajores caseros

¿Qué lleva?

200g de mantequilla blanda
200g de harina
300g de maizena
1 cucharada de levadura
150g de azúcar
3 yemas
1 tapón de coñac
1 cucharadita de extracto de vainilla
Ralladura de limón o de naranja

Para el relleno:
Un bote de dulce de leche. Tiene que ser bastante espeso para que no se derrame a ponerlo en las pastas.

Cobertura:
Coco rallado, chocolate fundido, glaseado… lo que os apetezca.

Botella de coñac Martel

¿Cómo se hace?

Tamizar la harina, la maizena y la levadura y reservar.

En una batidora, se mezcla la mantequilla tipo pomada con el azúcar. Una vez bien mezclado, se añada las yemas de una en una. Se le echa el coñac, la vainilla y la ralladura de naranja, en mi caso. A continuación, incorporamos poco a poco la mezcla de harina tamizada y trabajamos la masa con las manos para unir todos los ingredientes.

Tras enharinar una mesa o una tabla, estiramos la masa con un rodillo para dejarla de un espesor de medio centímetro y con un cortados de 4 cm de diámetro, vamos cortando medallones de masa.

Tras haber precalentado el horno a 180º, cogemos una placa que hemos cubierto con papel vegetal y vamos colocando los medallones. Los horneamos de 8 a 10 minutos hasta que las pastas estén ligeramente doradas y bien hechas. Las retiramos de la placa y las dejamos enfriar en una rejilla.

Una vez frías, rellenamos los alfajores con el dulce de leche como un sandwich. Se deja reposar unas horas y luego se le aplica la cobertura elegida.

Medallones de masa de alfajor

Tapas de alfajores

 

A mí, me salieron regulares porque me quedé sin harina suficiente para que la pasta sea más seca. Como mi cortador era muy grande, me salieron gigantescos y con “poco” espesor de dulce de leche. Pero el aroma del coñac con la ralladura de naranja es bárbaro. ¡¡Tengo que repetir!!

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