Le Quatre-quart, el bizcocho francés de mi infancia que lo dice todo


Hoy es domingo y he estado trabajando todo el día, en una oficina helada, en un polígono abandonado. Más que miedo, tuve un momento de morriña infantil de esos domingos por la tarde que, en vez de dar el paseo por el pueblo, preferíamos quedarnos en casa viendo la tele y preparando un bizcocho. Pero no cualquier bizcocho. Un Quatre-quart –que se pronuncia catr car, con acento francés–. Entonces, volviendo del trabajo, entre frío y hambre, he decido ponerme manos a la obra y tener un momento madeleine de Proust.

quatre-quart

¿Qué lleva?

Para mí, es el bizcocho más fácil del mundo porque el propio nombre te dice las medidas. Lo único que tienes que recordar son los ingredientes. En efecto, quatre-quart significa cuatro cuartos. Os sea cuatro ingredientes cuya medida es un cuarto del total.

Por ejemplo:
250g de harina
250g de azúcar
250g de mantequilla
4 huevos grandes

Aquí, lo importante es que cada ingrediente pese lo mismo. Lo que se suele recomendar es  pesar primero los huevos, en general cuatro, y según ese peso, se mide la harina, el azúcar y la mantequilla.

Indagando en los armarios de la cocina, que ya conocéis de sobra, he decido cambiar un poco la receta. Más que otra cosa, he hecho mitad-mitad de harina y de maizena, y mitad-mitad de azúcar blanquilla y moreno.

¿Cómo se hace?

Se mezcla la harina, el azúcar, los huevos, y por último, la mantequilla. Se mezcla muy muy bien y se coloca en un molde engrasado.

Tras precalentar el horno a 200 grados, se hornea media hora. Si al cabo de ese tiempo, el bizcocho esta tostado pero aún un poco crudo dentro, mejor apagar el horno y dejar que se haga con el propio calor.

Se desmolda y voilà!

quatre-quart

En ese momento morriña, también me acordé de un bizcocho navideño que me enseñaron a hacer en catequesis y que se llamaba el pastel de Palestina. Como tenía 5 años, no recuerdo muy bien como se hacía, pero era un bizcocho como el quatre-quart, con un toque de ron y espolvoreando con azúcar glace. Así que, he echado un tampón de ron Negrita al bizcocho gabacho y también unas pepitas de almendra que me sobraron de las cookies de crema de cacahuete.

Y ya comer un trozo, después de cenar, viendo la tele en pijama y envuelta en una manta, es como viajar al pasado, a esos dulces y sencillos momentos de la infancia.

¿Cuál es el vuestro?

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