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El regalo más dulce


Schuss de HenrietTrozo- Venus de HenrietVenus de Henriet

Hace unos días fue mi cumpleaños. Siempre me ha gusta celebrarlo. No sólo porque es tu día, porque te hacen regalos, porque organizas una fiesta. A mí me gusta mi cumpleaños por la tarta. ¡Menuda sorpresa!

De pequeña, ocupaba los largos y aburridos días de verano jugando en la cocina. Pero cocinaba de verdad. Solía hacer mis experimentos dulces poniendo en práctica alguna receta de había visto en un programa de cocina de la televisión francesa o en el de Eva Arguiñano, cuando aún pensaba que lo que hacía era repostería de la buena. De tanto revolotear entre harina, azúcar, la Kitchen Aid y el horno, un buen día decidí preparar mi propia tarta de cumpleaños. Y como la pastelería nunca me ha dado miedo, me lancé ciegamente a elaborar una Selva negra. Por desgracia, allá por el 96, Instagram y los Smartphones no existían y, a pesar de mi afición a la fotografía, no se me ocurrió en aquel momento sacarle foto a la tarta. Mi madre se quedó bastante atónita viendo la buena pinta que tenía aquella Selva negra, con su bizcocho, sus cerezas maceradas en Kirch, su nata y su chocolate rapado. Obviamente, ella me echó una mano en lo más complicado. Además de bonita, la tarta resultó ser rica y gustó a mi familia. Al año siguiente, tras otro verano aburrido, decidí volver a emprender un dulce regalo para mí misma. Esta vez tocó un Ruso. Fue la primera vez que experimentaba con el glaseado de mantequilla. Triunfé otra vez.

Los años siguientes, ya no hice más tartas cumpleañeras. Creo que por esa pereza adolescente que invadió mi ser de los 14 a los 17, y también porque me entró un momento de nostalgia infantil de esas tartas que comía de pequeña. Así que, los siguientes años, volví a encargar las tartas a las pastelerías más exquisitas de San Juan de Luz. Un año tocó una Charlotte aux poires, otro año un Fraisier con su capa de mazapán de fresa, ambas de Pariès. Pero con los años, la tienda cambió y las tartas desaparecieron de las estanterías o cambiaron a peor, en mi opinión.

Entre la desilusión y la curiosidad, decidí probar las tartas de la chocolatería Henriet. Y además de espectaculares, el saber y la textura del Schuss y del Venus, tartas cumpleañeras del año pasado y de este año, no tienen comparación con otras pastelerías de mi pueblo. Y como estamos en 2013 y tengo un Smartphone e Instagram, mantengo un recuerdo visual que activa mi memoria golosa.

Pero el regalo más dulce que he recibido en toda mi vida ha sido una tarta de Hello Kitty hecha por una de mis mejores amigas y la otra mitad de Las Crisis. ¡Mil gracias Cris!

Tarta Hello Kitty

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